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¿Fetiche como enfermedad? La verdad detrás del deseo

¿Fetiche como enfermedad? La verdad detrás del deseo

En la sexualidad hay un universo tan amplio como diverso, y dentro de él, los fetiches son una de las expresiones más comunes, curiosas y, a veces, malentendidas del placer humano. Pero… ¿hasta qué punto un fetiche es algo normal y cuándo puede considerarse un problema? Vamos a hablar de eso sin juicios, con mente abierta y mucha curiosidad.

Un fetiche es una excitación sexual asociada a un objeto, parte del cuerpo o situación específica que, por lo general, no se considera sexual por sí misma. Pueden ser los pies, la lencería, el cuero, los uniformes, ciertos olores o incluso materiales como el látex. En pocas palabras, es aquello que prende tu deseo de una manera única y personal.

Tener un fetiche no es algo raro ni anormal. De hecho, la mayoría de las personas tienen algún tipo de preferencia o estímulo específico que los excita más. Lo que pasa es que la palabra fetiche muchas veces se asocia con lo prohibido o lo extraño, cuando en realidad es solo una manifestación más de cómo funciona nuestra mente y nuestro deseo.

¿Cuándo un fetiche deja de ser sano?

La clave está en el equilibrio. Un fetiche se vuelve un problema únicamente cuando domina completamente la vida sexual de una persona, al punto de que no puede disfrutar o excitarse sin ese estímulo o material.
Por ejemplo, si alguien solo puede tener relaciones sexuales si está presente su fetiche y nada más le genera deseo, puede tratarse de un caso de trastorno fetichista, una condición reconocida por la psicología.

También puede ser una señal de alerta si el fetiche involucra daño, no consentimiento o riesgos hacia uno mismo o hacia otras personas. En esos casos, no se trata del fetiche en sí, sino del límite que cruza con la seguridad o el respeto.

  • Interfiere con tus actividades cotidianas como el trabajo, escuela, salidas con amigos, etc. 
  • Provoca angustia emocional, vergüenza o culpa ante tu pareja.
  • No se respetan los límites o acuerdos previamente establecidos. 

Pero fuera de esos extremos, tener fetiches no es una enfermedad, ni una señal de que algo anda mal contigo. Es simplemente una forma más de experimentar el placer, mientras haya comunicación, respeto y consentimiento mutuo.

¿Y si mi fetiche me incomoda?

Hay quienes descubren un fetiche y se sienten confundidos o con culpa, sobre todo si lo asocian con tabúes o lo consideran “extraño”. Pero lo importante es entenderlo, no juzgarlo y comprender cómo incluirlo con tu pareja y vida sexual de manera sana.
Si un fetiche te causa malestar o interfiere con tu vida sexual o emocional, puedes hablar con un terapeuta especializado en sexualidad. No se trata de eliminar el deseo, sino de entenderlo y manejarlo de una manera sana.

Por otro lado, si lo disfrutas, lo compartes con tu pareja y lo practican de forma segura y consensuada, no hay nada de qué preocuparse. La diversidad sexual es una parte natural de lo que somos, y conocerla solo amplía nuestra forma de vivir el placer.

Los fetiches no son una enfermedad ni un defecto. Son parte del abanico infinito de la sexualidad humana. Se vuelven un problema solo cuando controlan tu vida o afectan tu bienestar, y si quieres aprender más sobre cómo descubrir y disfrutar tu sexualidad ampliamente, síguenos en nuestras redes sociales; Facebook, Instagram y X.

Fuentes:

Sexualidad